domingo, 14 de octubre de 2012
Records revueltos.
Muchas veces cenamos perdices, cenamos con velas e incienso, y quizá con vino, quizá con cerveza, y toda la habitación es dulce y el ambiente es sideral. Hoy cenamos y el vino nos martillea suavemente la cabeza, lo notamos, y nos gusta saber que volvemos a estar tontos. El rojo es pasión, el vino es pasión, y la habitación está llenísima de nada, y está vacía de todo, de rencor, odio, celos... vacía, vacía. Te rindes al sueño y tentamos a la suerte, pidiendo dormir. Apoyas la cabeza en mi pecho, y empiezo a notar tus pesadillas corretear por tu cuerpo, noto tus caídas al vacío y tus persecuciones con monstruos y personas pasadas. Noto como te acaricia el chico que viste en el supermercado, noto como te mordisquea la oreja y toca tus pechos, noto como te excitas. No te despierto, te aparto el pelo de la cara y lo poso en tu oreja, y no te despierto. Escucha, Harrison y Ringo, my sweet Lord I really want to see you..., escúchame, Harrison y Ringo serán los buenos pero Lennon se casó con la japonesa. Escúchame y no te despiertes. Sigo notando tus lujuriosos sueños. Los sigo notando, y escúchame, creerás que no lo siento, pero tienes toneladas de tristeza encima, no tranquila, escúchame, tienes innumerables, incontables, inclasificables, toneladas de tristeza, infinita tristeza, y me están aplastando.
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