jueves, 23 de agosto de 2012

Ataques de risa con tos

Los aburridos no follamos, hacemos el amor, y lo hacemos mal. Nosotros los aburridos besamos, besamos mucho y mucho, y besamos hasta agotar y nuestras manos, las manos de la gente aburrida mecanizan caricias y perdemos el control por las espaldas de nuestras amantes, amantes interesantes y divertidas, pero las aburrimos. A veces, muchas veces, los aburridos como yo vamos a terapias de grupo, terapias para gente aburrida, con gente aburrida, para tratar nuestro aburrimiento. A las terapias acudimos dos o tres aburridos, ir a las terapias puede ser divertido y rehuimos esa sensación. Cuando nos reunimos en la sala, con nuestros cafés descafeinados, durante la terapia sólo habla un aburrido, y los demás escuchamos sus rutinas aburridas, y nos aburrimos, y somos felices. Me agobio cuando escucho hablar a gente aburrida, y recuerdo como hervir un oso, imagino una epidemia de niños suicidas, estudiantes tarareando la misma canción vestidos con pantalones blancos, mujeres con medias rotas y una ansiosa respiración, ansiosa, la respiración ansiosa que producen las caricias en puntos críticos de sus cuerpos desnudos. Stop, no me estoy divirtiendo, stop, detención del pensamiento, stop, vuelvo a pensar que todo es aburrido, stop, stop, vuelta a la normalidad, basta, stop, este tío es aburrido, stop. Nosotros los aburridos decimos "día del señor" y no domingo, los aburridos en su tiempo libre piensan eufemismos para sentirnos mejor al no hacer nada.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Hay galgos que saben que tienen mi dinero.

Estado de sequía, el precio de la yerba sigue estando alto, y los aburridos esperamos a que baje dentro de pocos meses para buscar buenas ofertas y acabar no comprando nada. Los aburridos que no compramos nada somos conscientes de lo fácil que es todo, lo fáciles que son los teoremas con sus demostraciones, teoremas y demostraciones, lo fácil que son las personas, lo simple que es elegir, fácil sí o no, fácil yo, fácil hacer las cosas. A la gente aburrida nos gusta pensar situaciones absurdas, recrearnos en futuros no deseados, dormir o dormir o dormir, o pensar en la cantidad de cursos o cursillos a los que apuntarse para ser ese tipo de personas que siempre quisimos ser y nunca seremos. Los aburridos somos gente muy nerviosa, aunque creáis que no, disimulamos bien. Los aburridos somos gente muy nerviosa, con preocupaciones estúpidas y superfluas: los aburridos nerviosos hemos planificado un suicidio tras una crisis nocturna y nos hemos rendido ante el sueño, siempre nos rendimos porque esforzarse por algo es para gente no aburrida, gente no aburrida y también interesante. Yo soy muy aburrido, pero me complico pensando que todo es muy fácil.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Quién mal te folla, bien te hará reír.

Bobby Fischer se sacó los dos condones de su bolsillo, los dos que no pudo gastar con ella, y sentado en el retrete los hinchó, como globos que son, y les hizo un nudo simple para que su aliento no se dispersara en ese diminuto aseo, su aliento está muy cotizado. Bobby Fischer, el pobre Bobby, no podía dejar de pensar en lo que ella había podido hacer, que quizá no hubiera sido nada, pero él sabía que todo podía encajar y que ella nunca, aunque le jurara sinceridad eterna, nunca le admitiría. Ni siquiera pasado tanto tiempo. Bobby se subió al retrete y tomó aire de esa ventana, como los presos inocentes que miran por la ventana anhelando todo y deseando haber estado en otro lugar cuando la policía llegó. Bobby, el pobre Bobby, nota esas pequeñas vibraciones en el pecho, él niega que sea ansiedad o taquicardias, pero las siente y necesita pensar que no se le va a acabar el aire fresco. Él, el pobre Bobby, siente que la desea, pero necesita fianchettarse porque tiene miedo, nadie sabe que el pobre Bobby tiene miedo, pero Bobby muere durante instantes eternos, y durante una breve eternidad para otros. Su crisis no cede, y el pecho le arde, y los condones cambian de color como las bolas de una disco. La tierra tiembla. El pobre Bobby es consciente de lo alto que está el techo de esa habitación y quiere tocarlo saltando y ascendiendo al retrete, pero es inalcanzable. Los malditos globos ascienden sin impedimento, parpadean, sabe que es otro ataque y que esos putos globos no vuelan solos, que nada tiembla, que la temperatura sigue siendo la misma. El pobre Bobby necesita refrescarse y abre el grifo, deja que fluya y se evade durante unos segundos. El pobre Bobby es un anciano en una playa del mediterráneo, se acerca al agua y se moja las muñecas, la nuca, un poco el pecho, se limpia la cara y respira hondo y hondo y nota la brisa rozándole la cara. Bobby bebe agua y se quema la lengua. "Fischer, ¿estás bien? Borís está sentado y esperando a comenzar, las televisiones están impacientes". Bobby, el pobre Bobby, fue rescatado, y la tranquilidad vino a buscarle.

martes, 7 de agosto de 2012

el sol te vence por la noche, cuando duermes.

Tengo un conocido que vende veranos, da igual cuantos le pidas, él te los consigue y te los vende. Yo una vez le compré, y decidí volver a comprarle. Supongo que tú se lo has comprado, también. Es una suerte que nos haya vendido el mismo, es una suerte, bendita suerte que nos haya vendido este verano. Ya entrado en Julio quise volver a visitarle: véndeme de lo mejor que tengas, sólo puedo darte una atmósfera y un poco de pena, le dije. Tranquilo, es suficiente para que no sea un verano más, me contestó. Abrió su caja de madera, madera conglomerada, tan pequeña y tan valiosa como una caja de puros, y sacó mi verano, sí, cuidadosamente elegido. Yo, inocente, queriendo mostrar impasibilidad e indiferencia, me lo metí en la mochila como un libro prestado o un huevo de avestruz, con un eterno cuidado a que no se desgarraran las páginas de mi verano, o a que se rompiera y se derramara mi verano en el interior de mi mochila.