miércoles, 27 de agosto de 2014

Buenas noches amigo.

Es el tabaco el que me obliga a toser todos los días, son los discos que cada día me parecen más buenos, la voz de Cortázar y sus relatos majestuosos, volver a casa con el calor de la noche, es Tony Soprano desfilando por la/su ciudad, es Mac DeMarco tocando y despertándome, es la simplicidad de las cosas. Y vamos a crear la mejor revista que hayas leído, pero vosotros, los lectores, pensaréis "está bien", pero lo pensaréis porque hay mucha contaminación y el calentamiento global os nubla la vista, el entendimiento, y el bueno gusto. Y el potencial de los universitarios está sobrevalorado y totalmente en decadencia. Hoy los universitarios sois y somos mierda. Hoy la revolución no es posible en Zaragoza. Hoy los intelectuales son gente curiosa y no los que tienen carrera, porque hoy cualquiera tiene una carrera, hoy cualquiera no fuma y bebe con una persona, hoy cualquiera fuma y bebe con güifi (no el WiFi inglés) y la soledad se cura con el móvil y el ordenador. Pues si nos odiáis es porque nos envidiáis, como envidiáis a los americanos, como a los famosos. Hoy, hoy más que nunca, los universitarios están en decadencia, y Mujica insiste en confiar en nosotros/vosotros, pero no creo que sea sólo cosa del alcohol, podríamos culpar a esos bares insulsos por sus ofertas que nos hacen tontos y sumisos y gregarios y simples. Pues muy bien si prefieres ir a un festival, aprovechad ahora que habéis apagado la televisión y habéis cambiado el Whatsapp por el Facebook para pensar que vais en la dirección contraria. Mañana seremos lectura obligatoria. Mañana pintaremos la ciudad con frases que no entenderéis, pintaremos poemas al lado de los anuncios que buscáis, os veremos pasar y no os volveremos a ver y no seréis nadie para nosotros. El gran poeta de nuestra generación todavía no sabe que la ciudad invernadero es demasiado indescriptible para ser Zaragoza, París, Budapest. Es el puto tabaco, es la puta yerba, son las putas cervezas, y son las putas noches en las que la revolución es tan tangible y cercana que me quita el sueño, las noches que me convierten en un búho noctámbulo y diurno.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Hoy, estar obeso es inmoral.

Después de todo el Voltaire seguirá siendo el bar: las revoluciones se posponen y "esta canción me gusta" me lo digo a mi mismo. Y quizá sea la mierda depresiva que se fumaba Foster Wallace lo que me vendieron el otro día, o la jarra congelada que pone la Juani, o el "¿por dónde pasa el canal imperial?", o las firmas bañadas con cerveza y con el sudor del baile, o el altavoz que está encima y a veces no me deja oirte. Hoy los hobos duermen en camas calientes y escuchan la radio posponiendo su carrera entre raíles, afilan sus lápices, revelan sus cámaras en tiendas de fotógrafos inútiles, beben en sofás, compran nuevos blogs donde plasmar su vida, recuerdan cuando no tenían nada y cuando lo tenían todo. Hoy, ellos, viven la vida que quisieron, pero lo primordial, para ellos, es subirse a la carretera y vivirla para los otros, para los hipsters del siglo veintiuno. The times are changin' dice Dylan hoy en youtube.

lunes, 18 de agosto de 2014

Después de lo de ayer sólo nos queda el cenicero lleno de palabras entre cigarro y trago.

Y los judíos vuelven a destruir casas lejos de aquí. El verano nunca ha sido de mis estaciones favoritas, y la playa era el lugar más trivial y aburrido en el que he estado, pero este año es distinto y añoro temperaturas más altas y días más largos, ciudades más lejanas y planes que planeé hace tiempo para cuando tuviera esta edad. Puedo ir a a las calas y dormirme al sol solo, rodeado de piedras y arena y del cíclico rugido del mar; un rugido que tranquiliza a todas las bestias y que siempre he odiado y detestado: siempre esperando que no hubiera siguiente ola, o que fuera más grande el estruendo que nunca, que la siguiente ola fuera la última ola que el mar respirase. Puedo ir a las calas y dormir, leer, y nadar entre sal y nadar más lejos aún y empequeñecer a todos los bañistas yendo hacia donde el agua está más fría y la profundidad es oscura: nadando más lejos y sufriendo las entrañas del mar y temiendo a sus animales ocultos: aquí las aguas no son cristalinas, yo no vivo en paraísos. Nadas y te cansas, y te haces el muerto, pero es una relajación falsa: las olas no te mecen, te empujan; para los peces no pasas inadvertido, te vigilan y urden un ataque calmado, meticuloso y lento pero mortífero: y podríamos cerrar los ojos y llenar nuestros alquitranados pulmones de humedad salada y estirar nuestros brazos y piernas dispuestos a abrazar al sol, pero el subconsciente está en estado de alerta y cuando cerrásemos los ojos e hinchemos nuestro torso y estirásemos las piernas y brazos y pensásemos en dormirnos, dormirnos tan desprotegidos, empujados o mecidos por la marea, convertirnos en la botella repleta de mensajes vitales y poemas del naufrago enamorado y melancólico, cuando empecemos a sentir que somos parte de la naturaleza o de la tierra o de la pachamama o de cualquier mierda, cuando la evasión sea fría y tangible, entonces en ese preciso momento una copia de la copia de ola anterior nos despertará, nuestro subconsciente no nos deja evadirnos más porque el peligro es real. La ola nos sumergirá la cara, y y abrirías los ojos y los bañistas son azules y diminutos, las piedras son azules y todo es azul porque el sol nos nubla la vista , el sol nos maquilla con felicidad de marca blanca y te pinta la realidad de color azul. En ese momento, el azul se convierte en un color más cálido y adelanta al rojo en la lista de los colores más calientes, justo por detrás del color de nuestras sábanas, detrás del color de tu piel, y delante del color de tu pelo.

Submarinos de plástico

¿Hoy también te duele la tripa? Le preguntó Juan, el profesor de educación física a Carlos, que inmediatamante asintió con cara de culpable, desenmascarando su mentira inconscientemente. Y es que a Carlos le gustaba más observar a sus compañeros y enemigos hacer ejercicio que practicarlo él mismo. Disfrutaba viendo cómo perdían el tiempo sus compañeros y enemigos y cómo Paula, la chica de las medias, corría o estiraba todos sus débiles músculos. Hacía un mes que los padres de Carlos se habían divorciado, y todo el profesorado sabía del problema y empatizaban con él. Doña Ana, la profesora de matemáticas, visitaba los pupitres de sus alumnos y los abroncaba si estos no hacían su tarea. Ya hacía dos meses que Carlos no llevaba acabados sus deberes, pero a Carlos no le pasaba nada y simplemente aprovechaba la debilidad de sus superiores para no hacer nada siempre que pudiese. Que sus padres se hubieran separado le parecía un problema totalmente ajeno a él: sus padres habían dejado de querer y para él eso no es un problema, es algo cotidiano y natural, pero para su superiores no. "¿Te gustaría hablar de algo?" sugirió Juan, pero Carlos evitó la conversación tocándose aún más su estómago. A Carlos le gusta que sientan pena por él cuando él no tiene problemas.

sábado, 16 de agosto de 2014

El tranvía ovárico de Miller está numerado.

Para parecer un muerto tienes que mantener la respiración más de veinte segundo, el tiempo que la cámara estaría enfocándote. También necesitarás controlar los latidos de tu corazón, intentar relajarte y que tu pecho no se mueva más de lo normal. Pero yo no tengo cámara y prefiero que duermas a ver como quieres morir. Y entonces apagaré tu calor, de algún modo, vigilaré que no sufras este agobio mientras duermes, siempre habituada en tu parcela en esta cama. Y tendrías que aprovechar ahora que las sábanas se han refrescado y el sol aún no ha llegado al jardín para pelear con tus monstruos y sí, te prometo que mañana iremos a esa cala de la que te hablé. Practica tu muerte que yo voy a refrescarme y cuando vuelva no quiero asustarme pensando que te has ido. Ponte cómoda y cierra los ojos, cuidado con los malos, túmbate y que piensen víctima, un daño colateral, un cifra en sus recuentos, una pobre joven que andaba por la calle incorrecta en el peor momento de la ofensiva. Sálvate. No abras el rabillo del ojo. Respira lentamente y camúflate entre los cadáveres de niños y mujeres; los malos avanzarán y no mirarán atrás, tus monstruos buscarán carne fresca y no buscarán entre los restos. Relájate porque tus enemigas las hormigas están asustadas por los bombarderos y esta noche no saldrán a buscar migas de pan. Aguanta un poco querida, lo estás haciendo fenomenal. Aguanta un poco más: las tropas enemigas continúan su plan de acoso y derribo, nada puede pararles. Aguanta un poco más y te prometo que cuando te despiertes estaré esperando con el café recién hecho, con unas tostadas dispuestas a salir del infierno y la mantequilla acalorada preparada para ser esparcida. Será la brisa la que te despierte y yo el arquitecto de tu sueño. Cierra los ojos que yo voy a acabarme el café que nos sobró ayer y después vigilaré que ninguno de tus enemigos te descubra, ni te chafe, ni te vea. Sigue actuando que el sol se está acercando.

lunes, 11 de agosto de 2014

No hay finales para Carver.

La ciudad está llena de espías en cada esquina: hombres viejos con blog y lápiz anotando matrículas y defectos de los posibles sospechosos- "Seat Ibiza rojo 6556 HJP, cojo, mal andar, nervioso", apuntó Julio mientras vigilaba a su mujer hablando con el moro que le traía malas nuevas de su primogénito. Y es que Maria Luisa, consciente de la edad de su hijo, le preocupa sobremanera donde se meta y con quién merodea Juan. Pero Julio desconfiado sigue y seguirá apuntando, con su caligrafía torpe y cansada, todos y cada uno de los detalles del moro misterioso: "posible tic en el ojo, gesticula mucho". En la otra esquina y con gafas de sol está Miguel, aguantando su rabia y esperando el momento oportuno para saltar al ataque. Y es que Miguel sufre tanto o más que María Luisa, pero su problema no es con el moro sino con el joven que le quita el sueño a su hija. Miguel también es consciente de la edad de su hija, de la ridícula situación en la que están metidos su hija y el joven, y de la pérdida de tiempo que supone regentar esa esquina cada mañana para controlar todos y cada uno de los itinerarios del joven, con quién habla, a quién mira; y supone porques al problema que quiere solucionar. Aurora sube la persiana y retrasa la colada tanto como puede para poder observar más tiempo al joven que vive enfrente suyo. Aurora no tiene problemas con el joven, incluso podríamos decir que apenas se conocen, pero Aurora es una persona mayor y sabe que su vida ya ha perdido gran parte del sentido que pudo tener: su marido falleció hace casi veinte años, su hijo está casado y tiene un niño repelente al que tiene que aguantar cada fin de semana. Y aunque Aurora viva sola desde hace veinte años, cambió su costumbre de tender la ropa temprano, a las nueve de la mañana, a tenderla sólo y cuando ve a su vecino, el joven, paseando por su cocina. A Aurora le gusta su nuevo hábito, aunque quizá no siempre lo disfrute porque, como a cualquier persona mayor, a Aurora le produce gran melancolía observar a jóvenes deambular. Pero a pesar de este dolor pasajero, la curiosidad de Aurora es más poderosa, y sabe que cuanto más ropa vieja tenga, más veces pondrá la lavadora.