lunes, 11 de agosto de 2014

No hay finales para Carver.

La ciudad está llena de espías en cada esquina: hombres viejos con blog y lápiz anotando matrículas y defectos de los posibles sospechosos- "Seat Ibiza rojo 6556 HJP, cojo, mal andar, nervioso", apuntó Julio mientras vigilaba a su mujer hablando con el moro que le traía malas nuevas de su primogénito. Y es que Maria Luisa, consciente de la edad de su hijo, le preocupa sobremanera donde se meta y con quién merodea Juan. Pero Julio desconfiado sigue y seguirá apuntando, con su caligrafía torpe y cansada, todos y cada uno de los detalles del moro misterioso: "posible tic en el ojo, gesticula mucho". En la otra esquina y con gafas de sol está Miguel, aguantando su rabia y esperando el momento oportuno para saltar al ataque. Y es que Miguel sufre tanto o más que María Luisa, pero su problema no es con el moro sino con el joven que le quita el sueño a su hija. Miguel también es consciente de la edad de su hija, de la ridícula situación en la que están metidos su hija y el joven, y de la pérdida de tiempo que supone regentar esa esquina cada mañana para controlar todos y cada uno de los itinerarios del joven, con quién habla, a quién mira; y supone porques al problema que quiere solucionar. Aurora sube la persiana y retrasa la colada tanto como puede para poder observar más tiempo al joven que vive enfrente suyo. Aurora no tiene problemas con el joven, incluso podríamos decir que apenas se conocen, pero Aurora es una persona mayor y sabe que su vida ya ha perdido gran parte del sentido que pudo tener: su marido falleció hace casi veinte años, su hijo está casado y tiene un niño repelente al que tiene que aguantar cada fin de semana. Y aunque Aurora viva sola desde hace veinte años, cambió su costumbre de tender la ropa temprano, a las nueve de la mañana, a tenderla sólo y cuando ve a su vecino, el joven, paseando por su cocina. A Aurora le gusta su nuevo hábito, aunque quizá no siempre lo disfrute porque, como a cualquier persona mayor, a Aurora le produce gran melancolía observar a jóvenes deambular. Pero a pesar de este dolor pasajero, la curiosidad de Aurora es más poderosa, y sabe que cuanto más ropa vieja tenga, más veces pondrá la lavadora.

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