miércoles, 20 de marzo de 2013
Eres uno de los personajes principales de mis pesadillas.
Últimamente he perdido mucho dinero apostando por galgos, nunca apuesto al favorito porque lo leí en un libro de Bukowski. Si excluimos al favorito, y al peor valorado, hemos hecho una criba bastante interesante y es posible ganar dinero. Pero yo no gano. Apuesto, pierdo, apuesto, pierdo, insisto y pierdo. Esos animales son víctimas. Hoy estaba Impala, era el peor valorado y hubiera apostado hasta el tamaño de mis manos por él: y hubiera perdido. Ves correr a los perros, durante treinta segundos, los ves correr. Los meten en las jaulas como a esclavos, meten a esos animales en las jaulas como a esclavos, para que luego corran y sean partícipes de mi abstracción momentánea. Sé que tengo un problema, y es que veo esclavos por todas partes. "Fernando Alonso es un esclavo, no pudo elegir su futuro. Su futuro lo eligió su padre. Su padre lo sentó en el car". Avasallo a mis amigos con esa discusión metafísica. Mi problema es que pienso que todas las personas que conozco son esclavas, todas menos yo. Supongo que las carreras de caballos podrían ayudarme a superar ese problema.
lunes, 18 de marzo de 2013
Alternativo al original.
Mi camiseta favorita, y hoy me he puesto zapatos. Tuve dudas: de sierra, de untar, la navaja que me compré para la montaña, o ese afilado que trajo mi padre para el jamón. Esas dudas tan absurdas me tienen frito, como las dudas sobre el vestuario: el resultado siempre es el mismo. Con el de untar, el de untar en el bolsillo interior de la parca, con los cascos y Tame Impala, pero con el Tame Impala que me gusta. Hubiera ido al Voltaire, pero Juani es muy buena mujer, no se merece el espectáculo. He entrado en el que está entre el estanco y la tienda de zapatos, siempre me ha parecido un buen bar, pero hoy estabas ahí. Está Mr Caldwell, uno que venía conmigo en el instituto, buen chaval, pero no hablábamos casi. Está también tu acompañante, la pobre está impactada, triste, consciente, está llena de rabia y vacía, está en shock, está allí, estaba allí antes, y ahora no está, ahora no es ella, ahora vuelve a nacer. Hay dos chicos más, uno es del mismo barrio y al otro nunca lo había visto. Está el dependiente. Todos ellos tampoco están. Están ausentes. Estamos la policía y yo, sólo estoy yo. "De verdad, policía, no sé que ha pasado, ha caído fulminado y ha empezado a sangrar". Todos me han visto, pero nadie se atreve a hablar, nadie puede hablar, y nadie se mueve, nadie señala, y no pueden hablar. La policía no entiende, pregunta a la gente que estaba en la calle, preguntan por alguien manchado de sangre, o por alguien que tenía mucha prisa, o por alguien que se ha subido en un coche y este ha salido volando, preguntan, preguntan y preguntan por alguien. "¿Tenía algún problema con alguien, señorita?". Ella sabe todo, y no sabe nada, no quiere hablar, pero intenta hacerlo, y no puede. Los otros dos parece que realmente no hayan visto nada, están aturdidos, les cuesta entender qué les preguntan, y dicen, y prometen, y juran que no han visto nada. Nadie quiere hablar, y tu estás mejor muerto, tu estás mejor así y ella también, ella no es consciente de lo afortunada que es, y nunca lo sabrá, pero tu y yo sí. La policía nos lleva al calabozo para ser interrogados otra vez, coincido con el de la cárcel de Zuera, el que me pidió dinero, el que me atracó, el que tiene mi moneda, y me suplica y me llora: "Oye, perdona, te la devuelvo, todo es mala suerte".
domingo, 17 de marzo de 2013
Los suicidas de la Masada.
Mi madre siempre me ha dicho que seré un mediocre, y parece ser que las madres nunca se equivocan. El mundo es una mierda, y no una caja de bombones o un pañuelo. ¿Qué tal Juani? Hoy no salimos, cuando salgo, al día siguiente, me pongo malísimo y no me puedo mover hasta las 6 de la tarde. Ya, ya lo sé, pero no sé, otro día tendré más ganas. Las noches en el Voltaire no cambian, quizá por eso sigo yendo. El voltaire tiene sofás, está oscuro, y tiene música que me gusta, y nunca está lleno de gente: el Voltaire se parece a mi casa. Las extrañas formas de motivación que mi madre utilizó estaban llenas de amor. Hace tres días puse una lavadora, y hace tres días que no deja de llover. Hace tres días que mi ropa está recogiendo lluvia y lluvia, tres días filtrando agua.
sábado, 16 de marzo de 2013
Si hablo de más, pienso de menos.
Le dije que no hacía falta que me comprara eso, esa mierda. Me voy, desde plaza España a casa, y la noche cae pero las nubes sangran y se pintan de color rojo, se colorean para los atardeceres. Noto demasiada humedad. Pienso que el ambiente está cargado, que esas nubes están cargadas de gasolina y simplemente esperan mi chispa para que ardan, para que todo arda, para un cielo en llamas. Sufrir miopía no es ningún handicap, es una bendición para poder andar por la calle y no distinguir las caras, ser anónimo en tu propia ciudad. Podría encontrar cualquier cerilla por el suelo, seguro, en las avenidas grandes la gente pierde sus posesiones, pierde su humor, pierde su identidad, pierde la coherencia, y sigo caminando mirando lado a lado de la acera, tarareo la que podría ser nuestra canción del fin del mundo y sigo buscando entre los chicles pegados y las colillas, los tickets de compra, las entradas de cine. El suelo está lleno de mierda, pero no hay cerillas, o mecheros, o fuego. En la plaza Aragón siempre están los mismos vagabundos, no tristes, siempre bebiendo o durmiendo, y les pregunto si creen que hoy es el fin del mundo, que si esta humedad es de gasolina concentrada en las nubes, que si prefieren cerveza o vino. "Muchacho, yo estuve trabajando en...". Asiento. "Cuando estuve viviendo en...". Asiento, afirmo, qué guapa es la chica que está cruzando la calle. "De verdad, mi ex-mujer fue...". Asiento, afirmo, la noche empuja más y más y estas nubes oscurecen y pierden su intensidad. "Porque chaval, por lo que veo eres muy inteligente y buena persona...". Tengo manía a las personas que sacan conclusiones aleatorias, o simplemente por querer parecer personas más simpáticas y cercanas. Huyo, desconecto de ese interesado, y me pregunto si todavía quedará suficiente gasolina en las nubes para prender toda esta ciudad.
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