miércoles, 15 de agosto de 2012
Quién mal te folla, bien te hará reír.
Bobby Fischer se sacó los dos condones de su bolsillo, los dos que no pudo gastar con ella, y sentado en el retrete los hinchó, como globos que son, y les hizo un nudo simple para que su aliento no se dispersara en ese diminuto aseo, su aliento está muy cotizado. Bobby Fischer, el pobre Bobby, no podía dejar de pensar en lo que ella había podido hacer, que quizá no hubiera sido nada, pero él sabía que todo podía encajar y que ella nunca, aunque le jurara sinceridad eterna, nunca le admitiría. Ni siquiera pasado tanto tiempo. Bobby se subió al retrete y tomó aire de esa ventana, como los presos inocentes que miran por la ventana anhelando todo y deseando haber estado en otro lugar cuando la policía llegó. Bobby, el pobre Bobby, nota esas pequeñas vibraciones en el pecho, él niega que sea ansiedad o taquicardias, pero las siente y necesita pensar que no se le va a acabar el aire fresco. Él, el pobre Bobby, siente que la desea, pero necesita fianchettarse porque tiene miedo, nadie sabe que el pobre Bobby tiene miedo, pero Bobby muere durante instantes eternos, y durante una breve eternidad para otros. Su crisis no cede, y el pecho le arde, y los condones cambian de color como las bolas de una disco. La tierra tiembla. El pobre Bobby es consciente de lo alto que está el techo de esa habitación y quiere tocarlo saltando y ascendiendo al retrete, pero es inalcanzable. Los malditos globos ascienden sin impedimento, parpadean, sabe que es otro ataque y que esos putos globos no vuelan solos, que nada tiembla, que la temperatura sigue siendo la misma. El pobre Bobby necesita refrescarse y abre el grifo, deja que fluya y se evade durante unos segundos. El pobre Bobby es un anciano en una playa del mediterráneo, se acerca al agua y se moja las muñecas, la nuca, un poco el pecho, se limpia la cara y respira hondo y hondo y nota la brisa rozándole la cara. Bobby bebe agua y se quema la lengua. "Fischer, ¿estás bien? Borís está sentado y esperando a comenzar, las televisiones están impacientes". Bobby, el pobre Bobby, fue rescatado, y la tranquilidad vino a buscarle.
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