martes, 2 de diciembre de 2014

Soy el jizz porque soy antijizz.

Son los sueños de los yonkis los que nos hacen seguir con vida, los que nos unen más que el pegamento, dormir caliente, oler a película en el cine y paseos nocturnos hasta casa; echándole carreras al tranvía, abrazarnos con sabor a demasiado vino y tú siempre tan pasional y yo con tanto frío debajo de la colcha: tus piernas mi calefacción y mis batallas nocturnas (algunas cuando deambulas), son el espectáculo que todos quieren ver en sus televisiones. Despertarnos con el frío de la ausencia y con el antojo de café y cigarrillos: con tanto tabaco ya no sé si siguen siendo dulces tus dedos y tus besos, si sigues sabiendo tan bien, si es mi lengua que también se ha contagiado de futilidad o soy yo con otra crisis de inutilidad, o según tú: "los desvaríos de las noches largas ya te duran hasta que sale el sol". Levantarse para buscar el ciego barato y dormir caliente, sin daño cerebral. Hoy tampoco: a nadie le importan los sueños de los yonkis. Los paraísos tropicales, las islas de ensueño, las playas cristalinas y los bosques frondosos y anónimos están abarrotados de soñadores, repleto de evasores: víctimas de rutinas.

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