jueves, 28 de junio de 2012
Gente graciosa en grandes momentos
Ella le convence para que deje al silencio gritar todo lo que tiene que decir, le induce a no discutir nada y dejar que todo se solucione en unos segundos, mirando el césped y escuchando esos aspersores vomitar agua, y el calor es más atroz cuanto más aburridos están. Las buenas cervezas son las baratas, y él lo sabe. Adulando al silencio, disfrutando de nada, ella bebe y bebe y bebe hasta que su amigo el frío le golpea la cabeza y la faringe, y la laringe, o la garganta, y el pecho. La fe ciega e injustificada de las personas ya no quiere ser su tema de discusión, los agujeros negros y los puentes Einstein-Rosen son complejos para ellos, pero discutirán temas triviales desde puntos de vista extremadamente opuestos hasta que uno ceda, o recuerden una anécdota o una canción o "Vals con Bashir". Cada vez que la mira se acobarda y pierde el hilo en la conversación, imagina coger su caledoscopio y eternizar la tarde para mirarla a través de él, imagina acercar el juguete a ojos de ella e intentar reconocer algo, algo que le consuma todos sus pensamientos y la noción del tiempo, encontrar su nueva droga. Ella sólo quiere perderse en las minucias de su piel, buscando imperfecciones, curiosear como los niños con las hormigas. Ellos no pierden el tiempo.
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