sábado, 5 de septiembre de 2015
Chowder
Cuando creía que la luz era más zen volvía a verme en el espejo con la gorra de caza roja, fumando pitillos y comparando a los demás con marionetas teledirigidas, phonies ricos con camisetas de segunda mano, likes que se olvidan de clicar. Hecho de menos verte excitada por minucias. La cultura no debe ser gratis, y la libertad de opinión nos ha traído profetas gilipollas buscando proselitismo, con la razón metida en el bolsillo con forma de moneda: hoy la tengo yo. Ayer confié en tipsters que me dicen que tal caballo ganará en tal canódromo y que tal perro se conoce muy bien Ascot para perderse buscando liebres; hoy, Juani por favor, fíame una cervecita más que si vuelvo a casa me fumo los cigarros sin filtro. Dame un cigarrito que me comen los nervios, despacio. Los jizz murieron antes de nacer y el cine quiere matar a Salinger para vivir de su herencia. Dejadle. Dejad a Seymour y a Holden por favor. Dejadnos. Los vais a matar. Hay infiernos de los que todavía no os habéis percatado. Tengo suficiente con escucharos hablar, con leeros: Dios, estáis totalmente enfermos. No por darle más veces al "intro" hacéis mejor poesía. La paradoja de la soledad. La paradoja de la conexión. Ejercicios de evasión en youtube, rápido, vuestro nuevo dogma. Tenemos hasta música para estudiar. Música para drogarnos. Drogas audiovisuales. Por favor parad, dejadme que tosa tranquilo, dejad de darme vuestra opinión (aunque os la pida), parad. Contagiáis.
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