lunes, 7 de septiembre de 2015

Daydream nation.

¿Sabes esa sensación que viene cuando tus piezas están estancadas y los únicos planes que pueden cambiar la partida son un sacrificio todavía más estúpido que el anterior? Cuando tus peones no pueden avanzar, tu caballo le corta la autopista al alfil blanco, el negro lo cambiaste por su yegua, y las torres siguen sin estar conectadas. Sí, toca mover. Puedes plantear otro nuevo sistema para la victoria, pensar y pensar, esperar la iluminación que nunca tuvimos, esperar al error del mundo entero. Sí, no hay escapatoria. Mi plan ha llegado a su fin, vosotros os habéis sabido defender de mi ataque constante y de mis sacrificios cuanto menos dudosos. Hoy, sólo ha sido hoy, me he dado cuenta que nunca supe jugar bien al ajedrez y por ende a la vida. Ahora ya no hay miedo al qué vendrá: el estancamiento es muerte. El miedo a la derrota es todavía mayor que a la derrota misma. Me toca mover. Quiero jugar con un 'control z' en mi bolsillo. Me conozco. Me conozco y sé que si pudiera hacerlo estaría en peor situación, arriesgaría mucho más y la derrota quizá ya hubiese llegado. Con una Volky aparcada en el paseo marítimo, pagando la zona azul de la sociedad, fumándonos nuestra yerba cuidada con más cariño que a nuestro perro, viviendo en la burbuja alternativa a la realidad, idéntica a la realidad, empañada con películas muy malas, obras de arte, discos para cada estado de ánimo y, duérmete en mis piernas, pon la cabeza y relájate que te despierto cuando necesite echarme en la cama. Somos el pingüino que todavía sigue caminando esperando llegar al acantilado, imposible de rectificar. Un pingüino ciego tan perdido que lo único que tiene claro es que no quiere estar en la cinta transportadora en la que los demás suben. Sabemos donde está el norte y no queremos ir ahí. Vamos a caminar hasta dar cuarenta vueltas al puto globo buscando el maldito acantilado. Vamos a cruzarnos trescientas veces: en el ecuador o en greenwich, en tu casa o en la mía, en la Habana o en Lousiana, en Marte o en las órbitas vecinas, en este infierno de ovejas locas o en otra vida. Debo caminar muy rápido porque he vuelto a donde estaba. Debo dar vueltas en círculos. Debe ser una pesadilla. Debo estar muerto.

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