sábado, 27 de abril de 2013
Los astronautas envidian a los que nunca vieron la tierra desde allí arriba.
La bola rebota tantas veces y cae tantas veces en el número en el que no tiene que caer que vuelvo a perderlo todo, pierdo cualquier punto de vista coherente, pierdo la paciencia y maldigo en silencio a los pacifistas y a sus patéticas ideas y a sus "sí, pero es que la violencia crea más violencia". La ruleta no gira tan rápido como los galgos, la ruleta es una esclava girando en sentido horario o antinatural, o inverso, o opuesto, o contrario, o lo que sea. Siempre que pierdo el dinero... Siempre he tenido suerte, demasiada suerte, pero la he escondido en cajas, cartas y mucho silencio. Las malas rachas vienen acompañas de buen tiempo y mucho café y velas con olor a vainilla. Un correo circular muydemasiadoextremadamente confidencial se ha mandado a los altos cargos de la CIA y del FBI y de la INTERPOL, vigilad que Borja "tiene refuerzos". Las malas rachas se extienden más que el chicle de limón que compartimos tumbados en el suelo, fumando veneno, joder qué veneno, subidos en mi nave espacial o en mi manta; escuchando el disco ese que dijiste esta es música de follar, contando las estrellas en el techo en lugar de ovejas en nuestro rebaño. La maldita e indeseada costumbre de establecer correspondencias entre discos y personas, entre música y fechas. Cada vez que se nos partía el chicle me gritabas ¡te alejas demasiado de mí! Lo que realmente nos alejaba eran las conversaciones en las que otra persona hablaba, las noticias que nos hacían preguntarnos por qué roban si ya tienen dinero, o las películas que concentraban toda nuestra atención hasta que el final acababa haciéndote llorar. Ya no había limones en ese chicle. El chicle se llenó de besos, secretos y tonterías. Tan dulces todos. Un chicle con sabor a chistes malos y a humor estúpido, sabor a lenguas peleándose y a labios disfrazados de pacifistas intentando separarlas. Los chicles que no son mentolados no resisten nuestras distancias. Si hubiera elegido un chicle de menta la distancia sería eterna; lejos de mí, a tomar por culo de ti, tan lejos de mí como el álgebra, y la geometría, y los espacios topológicos, y las victorias a Glenier. Tan lejos como mis obligaciones. Tan lejos como mis aspiraciones.
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