jueves, 9 de enero de 2014

El subconsciente siempre me miente.

- No es un defecto, es una particularidad. Le gustaba la música que podía tararear o tocar: oh esas baquetas cómo las movía. Si tiene prisa andará más deprisa que tú, te lo aseguro. Si para desayunar haces café para dos, intenta que ella tenga un poco más, te lo agradecerá infinitamente: te regalará sonrisas y si no te lo ha dicho, comparará el café con el dulce de los niños y lo mezclará con tabaco y tardes de no hacer nada y otra vez ese disco que le levanta tanto ánimo y a mi tanto me deprimía y el humo con la luz de un flexo, que parece que pese y sea tangible con su inefable forma que te recuerda a las telas de araña de los techos altos de las casas viejas, de los pueblos abandonados, que tanto la maravillaban y yo (tú) envidiando su abstracción que la borraba del mundo segundos eternos y fugaces tardes que se convertían en noches y noches que se convertían en películas en idiomas que jamás aprenderé y subtítulos que no quería leer, y cerveza o vino, y discusiones de supuestos que nunca son e hipotéticos que nunca serán y otra vez las piernas se nos (os) enredan tanto que sólo la casualidad las desenredará, o un dame un beso porque esta película no me gusta y me va a hacer llorar y entonces un beso lleva a otro beso que trae otro beso y otro cerca de la boca, la nariz, los ojos y te mira (de cerca te mira), te posee ( me posee), me bloquea (nos bloquea), y el beso se convierte en un abrazo infantil y juguetón y los de la película son testigos de esta pelea, gente que nos oye pero que no puede salir de ahí, de la jaula en la que los habéis (hemos) metido, deseando ser ella y ser tú (yo), llamando a voces vuestra (nuestra) atención, luchando en vano y muriendo por un beso, y luego otro y luego una caricia en la espalda, el pelo de su nuca y vuelvo a sentir calor.
- Te excedes donde no se te está permitido.
- Mi humor nunca excede. ¿Te gusta el ajedrez? No sabe jugar con negras. Déjale blancas: peón de rey, caballo de rey. Cada partida es un mundo para ella (para nosotros): peleará sus quince movimientos y luego pedirá las tablas abatida, pero nunca derrotada. No pienses que serás aburrido. No deseo suerte porque me parece muy triste hacerlo. Cuídala.

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