lunes, 13 de enero de 2014

En tu casa también hay sitios incómodos.

Podríamos decir que todo empezó cuando Candela le preguntó a Hugo si quería ser su amante, no de una manera especial: sin tocarse el pelo dudando o tragándose palabras entre frase y frase, fue un sencillo directo que Hugo no pudo esquivar ni negar. Como si se tratase de nada especial Candela estaba dispuesta a matar ese tiempo que la gente gasta leyendo o escuchando música con una compañía más que deseada. Desde entonces siempre tiene a alguien esperándole en la salida, un café cuando las noches son cortas y horas de pipas y cervezas, en la Habana o en el Zorro, Voltaire o en la Paralela y qué mal está el país y no me hables de ese compañero tuyo porque es muy torpe socialmente y no quiere solucionarlo. Aunque a Hugo no le supuso mucho sopesar los pros y los contras de tener amante (digamos que Candela era una mujer modelo para Hugo), éste siempre tuvo problemas para compartir las cosas que se quedaban en la almohada o en el blog de su bolsillo que poco usaba. Como a todo el mundo, el tiempo ayuda a acomodarse a los nuevos hábitos y nuevas compañías. Si Candela bastaba las tardes enseñando a bailar a madres aburridas, Hugo avivaba su curiosidad en las bibliotecas o en las tiendas de discos, pero siempre acordando previamente encontrarse en la salida del bar o desafiar al azar entre callejuelas y escaparates, o en la panadería de Mari Carmen, o en la tienda de olores que así llamaba Candela, o en el bar de la Juani (cabe destacar que el azar estaba cansado de perder tantos chances y ser testigo de ese encuentro casual que tú, e incluso yo, podríamos pensar que era premeditado). Si los protagonistas de las novelas que tanto leía Hugo se asemejaran a éste y a Candela y a su vida y relación podríamos decir que hubiera sido previsible todo lo que fuera a sucederles, pero la monotonía de sus costumbres o la ya simpleza de su sexo, o el desfase temporal que había entre las novelas y esta idílica relación de este fatigoso siglo condujeron a lo contrario. Hay muchas variables en este problema, pero yo desde el punto de vista de un testigo presente, pienso que quizá se debiese a ese virus que merodea estos años y el que tienen la mayoría de las personas que les hace pensar que su vida tendría que ser mejor, o que su existencia no está lo suficientemente justificada, o simplemente que el tiempo no está bien gastado si no se viaja, si no se aprende un idioma o si no se tiene la carrera tan necesaria para comer, el que hizo que Candela buscara un nuevo amante, David, no comparable con Hugo, ni mejor ni peor, David y Hugo o Hugo o David. Si uno era simpático e inteligente, el otro era inteligente y simpático. Si para Hugo dormir era un claro ejemplo de la falta de café, David no entendía una conversación sin una cerveza o un vino, si Hugo pipas y tardes tirados en el césped del parque con podríamos ir a la playa en Julio que no creo que haya medusas que tanto miedo te dan, David prefería un par de latas en la plaza y mejor nos esperamos a la semana que viene para ir al cine que estrenan la nueva película del pedante aquel y este invierno vamos a la montaña, si Hugo acaricia el cuello y le besa la nuca y sus orejas rojas, David dibujaba tornados en su ombligo y su piel se erizaba: y los tres caen rendidos y se despiertas y Hugo café y David leche, y Candela descuartiza a las rutinas con una navaja de una manera muy cruel haciéndolas desaparecer junto con quién esté ahí, arrastrándoles al fondo de un profundo agujero, tragando como las mareas. Pero Hugo está mejor: tiene nuevas costumbres.

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