sábado, 4 de enero de 2014
Las cenizas del tabaco, las cenizas.
La alfombra tiembla cuando la puerta suena y sus tripas de destripan y entramos, la alfombra no aguanta más nuestro peso y muchos menos nuestras sacudidas y el calor que la cerveza caliente nos da. Envidia al sofá, primera víctima y un testigo de nuestras peripecias y nuestros viajes en alfombra (tomamos cualquier cosa y viajamos en alfombra, dijeron unos), la televisión no deja de observarnos con ese ojo rojo que todo lo ve cuando no hay luz y todos duermen. Te puedo discutir, y puedo demostrarte con mucha paciencia y más cerveza, sí, más cerveza y más veneno, que esos sonidos tienen mensajes difíciles de descifrar, describen rutas, atajos en el espacio tiempo que en una tarde con mucha cerveza y mucho veneno es imposible de explicar, mejor sentémonos en la mesa con papel y bolígrafo y empecemos la lección con fórmulas básicas y acabemos con dibujos y esta eres tú disfrazada con bigotes y gigantes patas y olvídate de todo lo que te he explicado: sigamos escuchando.
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