Todos los cumpleaños la misma mierda. Tras haber abierto todos los regalos, decir que me corté con el papel de alguno de ellos, me advirtieron que aún quedaba uno. Rápidamente me apresuré a hacerle hueco en la mesa. Todos los asistentes estaban tristes e incómodos ante mi cara de decepción ante sus estúpidos intentos de regalo. Entre la multitud se acercó un muchacho con unas nike sb amarillas y una camiseta negra con unas gafas y me extendió un enorme sobre. Lo abrí súbitamente pensando que sería un vinilo o una foto erótica.
Lo abrí y era un relato con otro sobre. Empecé a leerlo, era un texto "existencialista y autodestructivo", con bastantes faltas de ortografía. Seguro que acababa con un suicidio o un "qué mierda de vida".
Se me estaba haciendo eterno, la gente esperaba mi aprobación o una reacción cualquiera, salté a la última linea:
"No sabía que regalarte, aunque supongo que nunca te han regalado un viaje en el tiempo" (viaje en el tiempo subrayado).
El regalo era de los mas originales que me habían hecho. Me gustó porque me hizo pensar, además bastante ¿Qué año y lugar elegir? Daba igual el coste económico, yo no lo podía pagar, era un regalo.
El regalo estaba bien, pero podía haber sido mejor. La presentación un poco cutre, el texto estaba impreso en un simple folio y escrito en Times New Roman. No sé, hubiera estado bien un encabezado y un pie de página, una portada con un título con letras de distintos colores, un índice (1 relato. 2 regalo. 3 carta.)
Me gustó, pero dí cierto aire de insatisfacción para que el próximo año fueran mas originales, aún. Miré a todo el mundo, estaban expectantes y asombrados por el regalo del chico. Para quitarle hierro al asunto, levanté un vaso de vino. Me dispuse a brindar cuando el joven me tuteó: "¿No vas a abrir la carta, o qué?" Daba por supuesto que era una foto de su novia o hermana. Si el primer sobre dejaba que desear el segundo era paupérrimo, incluso no tenía pega para cerrarlo.
Antes de coger el sobre de la mesa, el joven se reía. No le importaba que la gente le mirara: se reía de todo y de todos, se reía de mi.
Abrí el segundo sobre y dichosos mis ojos, contenía una entrada para Morphine en 1995, Nueva York.
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