Cara me voy a casa, cruz voy a echar una cerveza, al mejor de tres. Cara, cara y repito por si acaso, cara. Humillación, mi moneda "Murfi" dice que mejor vuelva a casa, que perder el tiempo por varias chicas bonitas es bastante absurdo, que mañana tengo que estudiar, que no está nublado y la noche es una mierda para no dormir. Pienso que es inmaduro elegir basándome en un "mejor de tres" y vuelvo a lanzarla: cara. Vamos al Voltaire.
Esta la camarera simpática de siempre y le pregunto por lo que suena, Rosin Murphy, argg.
Pedimos todos una jarra, el bar está lleno y no hay jarras heladas para todos, no hay jarra helada para mi. Cerveza fría o caliente, que mas da, sólo quería notar el acogedor frío del borde en mi labio, ese frío que se rebela cuando te olvidas de que la jarra está helada y te concentras en la cerveza, cuando te bebes media jarra y el frío emigra para hacerse recordar: "eh, antes estaba en el borde y ahora me he ido". El frío de mi jarra está muerto.
Discutimos, debatimos y acabamos hablando de política. Todas mis frases empiezan con un "no sé, pero...", y cada vez pienso que sé menos, que los niños saben demasiado y generalizo pensando que son jóvenes inconformistas que simplemente repiten frases que han leído o oído. Silencio incómodo, el bar está lleno y los españoles hablamos demasiado alto, y el volumen general baja porque la canción ha acabado y se han dado cuenta que todo el mundo es testigo de lo que todo el mundo predica. Empieza la enésima canción de rock español, la tercera de Sabina en lo que llevamos de noche. Las chicas del sofá cantan y me gusta verlas "teatrizar" las letras, aunque no me guste Sabina. Debí haber hecho caso a la moneda.
Acabamos la primera jarra y acompaño a un compañero a por la segunda ronda, improviso y pido el "trivial pursuit" para animar al personal. Jugamos, nos reímos y nos estancamos, y a alguien se le ocurre hacerlo al mejor de tres, otra vez. Gana el rojo, siempre gana el equipo rojo en este juego, no necesitas estudiar matemáticas para preverlo.
Nos levantamos, suena Manu Chao, y recojo las jarras, se las llevo a la camarera y vuelvo a soñar con entablar una breve conversación, esa conversación que te enamora por un instante y hace que te olvides de que te ibas y tengas la necesidad de contarle cosas curiosas que quizá ella no sepa, la conversación con la dueña que degrada el precio de las jarras. "Muy amable, muchas gracias. Buenas noches". Buenas noches. La noche es una noche corriente y decido pasear por mi manzana, por las whiskerias, calles vacías pero llenas de vida. Las mañanas de los domingos en esa calle son viajes, viajes en el tiempo que te muestran las peleas y el amor que hubo, el dinero y el despilfarro, y lo comparo con la vida.
"¿Oye, no tendrás un cigarro?" No, ya me has pedido varias veces, vienes de la cárcel de Zuera y no tienes nada, etc. "A tomar por culo, dame todo tu dinero". Quise vacilarle, sacarle mi cartera vacía y tirársela y pedirle por favor que cogiera todo lo que tuviese pero que me dejara el dni y la tarjeta del bus. Al final fui un vacilón, y "Murfi" saltó hacía él. No le hizo gracia mi broma y se encariño con mi moneda de la suerte. "Si sale cara te dejo ir, si sale cruz no". Cruz.
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