miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mal, pero está

Ireneo vaga por las calles y pide limosnas en el mercadona de la avda. Valencia. Él no necesita de dineros ni de hogares, todos los días va a un comedor social hasta la magdalena, a Ireneo le gusta caminar por Zaragoza, y duerme en el parque Grande las noches calurosas, o en la Ibercaja de Tomás Bretón las frías, un cajero grande donde Ireneo puede estirar las piernas y poner el pestillo. Ireneo siempre mira de reojo a los rumanos que piden junto a él, "ei, ¿vas al comedor ese que está al lado de un colegio, en paseo Mª Agustín? ¿Qué tal está? Tengo que ir, me han hablado bien de él". Ireneo vivía en un piso céntrico, muy pequeño y sabía que en poco tiempo no podría seguir pagando su alquiler, y por principios decidió vagabundear antes de ser echado a la calle, Ireneo era un joven inteligente y con una gran moral, pero personalidad un poco débil. Entre cinco y ocho euros recolectaba todas las mañanas, Ireneo tenía muy buen ver, la gente no creía que un joven así estuviera pidiendo. El muchacho, gracioso con todo, cuando veía a esos zombies con la típica bolsa del mercadona, se apresuraba y se acercaba a la puerta eléctrica para que ésta se abriese, entonces extendía el brazo y su mano y soltaba un "pase, adelante, pase pase. Si no le importa, ¿podría, después de comprar, al salir, prestarme (o darme) unos míseros céntimos para comprarme un zumo o un cartón de vino?", siempre con una sonrisa, y si recibía una mala contestación o un gesto siempre contestaba con un "piense que es para los negritos del áfrica si así se siente mejor". Aunque no os lo creáis, Ireneo es un homeless más, un vagabundo cualquiera. Con lo recolectado, Ireneo iba al chino de San Antonio Mª Claret y saludaba como si fuera amigo de toda la vida a Juan, el chino, y compraba un cartón de vino (si era sábado) o dos (si era entre semana) y algo para picar. Sabía que en el chino era más caro, pero Ireneo era un hombre con principios, un joven con mucha moral, pero con una paupérrima personalidad. Siempre le sobraban dos o tres euros, Juan le hacía precio por ser colega. Ireneo sabía que ese dinero era un peligro, cualquier necesitado podría asaltarle y darle una paliza, y atracarle, a Ireneo no le gusta ahorrar, y menos llevar el dinero encima. Ireneo era un joven inteligente, y también melancólico, y disfrutaba encontrándose cabinas telefónicas por las calles. Nunca llegaba al comedor social con dinero encima, siempre lo gastaba llamando. Descolgaba el teléfono de la cabina, con una mano se apoyaba en el cristal, con la otra marcaba un número aleatorio, ya sea empezando por séis o por el prefijo local, después ponía una cara de "por favor, no me cuelgues" y miraba hacia el suelo: si lo cogía una mujer, con voz madura, Ireneo respondía con un "soy una persona cercana a su marido, le recomiendo que lo vigile y esté al tanto de lo que hace fuera de casa, o cuando usted sale", Ireneo aguanta la risa y espera siempre la reacción del otro lado, cuando el ataque de nervios es tangible, Ireneo vuelve con un "lo siento, de verdad" y cuelga rápidamente. De la misma manera responde cuando lo coge un hombre, y si es alguien muy joven contesta con un "ten cuidado al salir de casa, que eres un hijo/a de puta". Así Ireneo disfrutaba de sus días, y cada día le parecía distinto y más dispar, pero Ireneo era un vagabundo más, un sin techo que no tenía donde caerse muerto. Parece mentira, pero Ireneo no teme a la muerte, y disfruta de sus días, es feliz, y sigue con su rutina como si de un trabajo se tratase, y disfruta. Ireneo siguió con sus bromas, y desafiando el azar, y éste le contestó, quizá con un jaque. Una voz dulce, feliz, contestó: "Vigila a tu ma...", interrumpió antes de que acabara su típico discurso e Ireneo dejó de apoyarse como en las películas y sufrió por si la gente le miraba. "Yo echo de menos que me invites a cervezas, aunque estén calientes, y esos paseos por el parque". Ireneo colgó, y ahora no pide limosna tan descaradamente, Ireneo utiliza un cartón en Independencia y ahorra lo que puede para comer mejor que en el comedor.

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