miércoles, 24 de julio de 2013
dressed in blue.
Los mensajes secretos que me escribes en las etiquetas de los paquetes de galletas no los entiendo. Cuando Mancuso come cereales siempre me pregunta "¿Por qué te odia tanto? No debiste regalarle doce rosas; tuviste que comprarle veinte claveles y tres girasoles". Quizá él te conozca mejor que yo, pero no sabe de tus angustias y tus bromas y tu pasión por las películas francesas y por Las invasiones bárbaras y tu mal gusto por los puzzles. "Siempre hay piezas que no encajan, hay que forzarlas y meterlas, entonces el mosaico siempre estará más vivo". Con puzzles pudimos cubrir el suelo para estar hoy en Turquía y mañana nadando con peces, o escalando los Alpes, o cuanto te gustaban los dibujos animados: pisotear a Mickey Mouse y a la rata de su novia. Y no te entiendo, sabes que ahora no bebo leche, no desayuno galletas, no como cereales, pero bebo cerveza y anarquía de Bakunin y fumo, sí créetelo, tabaco Pueblo porque vi a un hombre que parecía muy interesante y que por eso apuesto fuerte y whiskey como Bukowsky y mate de Horacio Oliveira, y vino como Hemingway y demasiados libros que nunca entenderé. Nunca sabré por qué me adviertes de cuanta soja tienen esas mierda de galletas, o cuanto chocolate y cuanta leche tienen esas mierda de galletas. Pero sí, estoy bien, no son síntomas de todavía no sé qué síndrome pero te juro que estos sudores y que esta respiración, que la ansiedad y las observaciones paranoicas, siempre han sido yo.
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