viernes, 19 de julio de 2013

Te lo intenté decir con gestos.

Día 1. Las hormigas escalan por una de las vigas centrales; se disponen a ascender hasta la cima del edificio, ocho pisos, dejando atrás al viejo solitario del primero, dejando atrás a la vieja con un principio de síndrome de diógenes del segundo. No entiendo de hormigas, pero sé que son ajenas a este calor, también muy trabajadoras. Urgen una pequeña invasión para nosotros, la gran conquista para ellas. Yo sigo buscando dentro de mi el momento oportuno, el óptimo para mi mente, esperando las condiciones idóneas para continuar con el estudio y vaciar mi cabeza de tantos pájaros y tantas flores y tantas escenas de película que bien pudimos haber protagonizado nosotros. Día 2. Las hormigas dominan una de las vigas centrales, están preparadas para desembarcar en algún piso y sembrar las baldosas de terror y miedo, sangre si algo se interpone en su misión. No estoy seguro, pero la marrón, la que es destacablemente la más grande, debe ser la Reina, creo; creo que las hormigas tienen reina y reino. El poder centrado en una hembra, siempre más trabajadoras e inteligentes. Creo que el pueblo llama "princesa" a su reina, sigue siendo igual de preciosa y joven que cuando a su madre, la antigua reina, aún no la habían cazado Afredo y Tomás, unos demoníacos niños; y la quemaron poco a poco con la lupa de su ya difunto abuelo: hombre de pocas costumbres y lector con lente. Antes de morir abrasada fue mutilada con gran delicadeza y disfrute, como un ritual o un festín, y ya tú sabes, una costumbre muy extendida entre los niños. Quizá a la princesa le haya movido su ira, o su condición de conquistadora; todas las hormigas dudaron de esta invasión y los distintos reinos que existían en los alrededores no estaban muy convencidos con esta decisión temiendo una posible guerra. Seguramente no hubo consenso pero la princesa tiene suficiente carisma para convencer a cada una de las hormigas de su reino. No sé que puede ocasionarme este dolor en la rodilla, imposible hacer nada que necesite un mínimo de atención. Debió ser la caja que tuve que llevarle a mi madre ayer, o los tomates del huerto que he tenido que recoger esta mañana, o quizá es por aquella vez que hicimos el amor de tantas formas distintas, muchas nos sorprendieron y nos reíamos, qué vergüenza. Nos pusimos disfraces de actor porno y tú encima y yo abajo y nosotros en la cocina, en el baño arriba abajo y quizá no hubiera servido para una película porque ya sabes que en esas películas no hay tantos besos ni tantas caricias y yo no estoy tan fuerte y este disfraz me viene tan grande y ellas no son tan bonitas. Día 3. Los Beatles siendo ya estrellas se atrevieron a grabar discos con distinto registro. No tan recordada fue la época psicodélica de los Rolling, pero para mi la mejor. Abuso de estos viajes, tumbado en mi sofá, con la música estéreo y cuando vuelvo ya es de noche o se me han olvidado las obligaciones o otro día sin comer, o otro día sin andar. Las hormigas, otra vez las hormigas, cruzan mi habitación y llegan a la ventana. Sigo su camino y acceden a mi casa por un minúsculo agujero en la pared, donde las baldosas se juntan. Son pocas, basta un poco de polvo, de veneno, o de agua. Notifico la invasión a mi superior, a mi padre. Día 4. Las hormigas dominan la zona. Han establecido varias colonias en el edificio, en mi planta hay exáctamente cuatro colonias: las construyen mientras duermo, trabajan mientras duermo, me invaden como pesadillas. No hay polvos, no hay veneno, no hay agua. Las hormigas están en todas las habitaciones, tengo que andar con cuidado para no pisarlas. El flujo de hormigas ha aumentando de un modo desproporcional. Pido urgentemente refuerzos a mi superior, a mi padre: "papá, nos están invadiendo". Me contesta: "los malos en las películas siempre van ganando". Día 5. La invasión ya es real, tenemos que huir. Nos rendimos. Diario de abordo, caja negra, o lo que quieras. Hemos perdido. Desconexión.

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