martes, 30 de julio de 2013

jodámosle la fiesta.

Te lo digo de verdad, no pienses que yo bromeo con mis teorías o que soy un gracioso sin corazón o que he estado demasiado tiempo conectado a la red. Créeme, nunca he sido un chico (hombre, macho) muy seguro, pero ahora lo estoy. ¿Y si te digo que yo esto ya lo predije? Yo pensé en la pandemia que hace unos meses llegó a Zaragoza, con sus muertes absurdas y sus suicidios en masa y su olor a verano y su temperatura low-rock y las noticias de corruptos y padres que matan a sus hijos y esa mierda que nos hacen tragar y tragar. Antes de que llegara pensé en esa pandemia, y llegó. El problema de todo el mundo, el problema de todas las personas es lo que yo pueda llegar a pensar. Creo futuros en momentos imperceptibles: cuando voy a beberme la espuma del café con leche (que ya hace mucho que no bebo porque en verano, sí, en verano sólo café con hielo), durante el silencio que separa dos canciones de un mismo disco, el tiempo que transcurre cuando miro a la izquierda (no, no vienen ningún coche) y cuando miro a la derecha (no, creo que por la izquierda no venía ningún coche). En esos momentos, en esos precisos momentos, como una fotografía con flash, creo un futuro inmediato, o no tan inmediato, pero tan perfecto y tan preciso y tan tangible que nadie puede negarme que no vaya a suceder. Soy un arquitecto del tiempo y del espacio, un nuevo concepto difícil de entender para las personas que nunca han creído en nada que no ha sido demostrado. ¿Y si te digo que tú también puedes hacerlo? Créeme. La pandemia no existe ni existió. Soy yo. Un amigo de mis hermanos ayer, el marido de la hija de una amiga de mi madre hace tres días; los dos se han suicidado. Un tiro, una horca. Yo lo planeé todo hará un año o dos o tres, sin haberles visto y sin saber de su existencia y sin conocer mi capacidad. No temas, de verdad, no es una pandemia. Tengo una curiosa tendencia hacia la muerte, o eso me dijo mi profesora de estadística. Pero no, no temas por lo que yo pueda pensar, tú también eres un arquitecto. No pienses un futuro antagónico al mío, porque yo he fabricado minuciosamente nuestro futuro, entre risas, entre calada y calada, entre párrafo y párrafo y estoy seguro que mi subconsciente me la ha vuelto a jugar y aparecerán actores que yo ya dí por despedidos; y entonces crearemos una paradoja difícil de resolver, una paradoja que sólo podría resolver un niño. No juegues pensando. Si piensas, o Dios, si piensas será problema para todos.

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