jueves, 3 de mayo de 2012
Cuando no había porno en HD.
Llueve, sale el sol y el verde de las hojas brilla tanto que me evade, me evade de lo absurdo que es todo y de lo complicadas que son las personas y simples en un mismo tiempo, y de mi simpleza, de lo fácil que pierdo el tiempo viendo algo que siempre ha estado ahí. Llego a casa y bebo agua hasta que me dan arcadas o la garganta me dice "stop, no soy de piedra". La luz de mi sobremesa está encendida y pienso que he vuelto a perder demasiado tiempo en el ordenador, pero no lo suficiente habré pensado antes, y enciendo la pantalla y preparo mis pesadillas con las melodías adecuadas. Ahora pop, ahora rock, ahora pienso que soy especial y me pongo un poco de psicodélico y sigo enlazando canciones de estilos inefables que me alzan en las conversaciones y me dicen "joder borja, has escuchado mucha música", sí, he perdido mucho el tiempo y me he convertido en un prepotente. La idea feliz vuelve con una canción y miles de frases bonitas aterrizan en mi mente, pero me cuesta escribirlas porque no tienen sentido y no quiero ser hortera o brusco, y tus tetas de las chapas olvidan que no dejan de mirarme a los ojos. Abismo de colores, sensaciones siderales, sonidos estridentes, palabras necias en crucigramas que no quieren ser descubiertas, pero descubro que tu las has descubierto porque el necio soy yo y tu te infravaloras porque es un juego sencillo que todo el mundo sabe hacer, menos el pobre necio de mi. Esta canción sonaba en el Voltaire. Cierro el blog porque escribir es una mierda cuando todos creen que está bien y realmente es como dibujar en los apuntes de clase, pero yo no sé dibujar. Abro el tuenti y te envío un privado edificando tu futuro, diciéndote que llevaremos juntos el bar que compraremos Carlos, Guillermo y yo, que será un bar donde nuestra generación se alimentará de ideas y pensamientos críticos y escribirá poesía y música y serán materia obligatoria en los institutos del futuro, mas obligatorio que Bach, Nietzsche, Pitágoras, Thales o Euler, o Hitler, Franco y Stalin. Nuestro bar eliminará a "la cuna París" del mapa, artistas mas antiguos serán olvidados porque nosotros habremos ayudado a divagar a la generación del segundo milenio. Les serviremos las jarras mas frías al nuevo Bob Dylan, prepararás los whiskis con soda a Bukowski, mi vecino, y yo echaré partidas de ajedrez con Cortázar hasta que me digas "hacedlo al mejor de tres que tengo que hablar contigo", y entonces me dejaré ganar porque en el trastero me esperará la eternidad que me produces cuando me hablas. "Oye, qué opinas de ese tal Algora?" mmmm no sé, tendrá su público. Iré al rincón del sofá donde nuestros amigos Le Corbusier y E. Svensson discuten sobre como morir dignamente y les despacharé a las sillas de madera educadamente porque Ignacio viene de Suecia y recordaremos viejos tiempos, y el sofá es para nosotros, los dueños. Ve con ellos, está Berta, échate una jarra con ellos, ahora bajaré la persiana metálica para que no entre nadie. Quitaré el disco "Blues" de Hendrix y pondré a Tame Impala para que nos haga recordar nuestras cervezas y nuestros viajes. Acabaré de fregar y llevaré el 'trivial' a la mesa, me mirarán mal y cederé a cambiar de juego, saben que me sé las respuestas de la mayoría. "Carlos, te ha quedado de puta madre el bar", contaremos anécdotas, Guillermo nos contará sus futuros estudios como neurólogo e Ignacio nos hará reír porque habrá rechazado un sueldo de tres mil euros por seguir viviendo en Suecia, y nos reiremos los cuatro y les haré recordar la anécdota de la puta lavadora de Vienna. Te envío el mensaje y me odio, odio haber plasmado mi futuro utópico, odio haberlo hecho porque sé que para cumplir estos deseos no se deben contar, y menos escribir. Me contestas muy borde "¿Qué coño haces a estas horas despierto? vete a dormir que estás borracho. Yo no estudio para ser camarera". Me alegra que me contestes, yo estudio para tener nuestro bar.
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