domingo, 20 de mayo de 2012
Dicen que estás siempre en la luna.
¿Te acuerdas aquella vez que te hablé de mi teoría de que formamos parte un experimento sociológico?
Quizá a ti no te lo conté, pero sé cómo hubiera sido, los tragos de cerveza que hubieras bebido, las muecas que harías cuando soltase alguna barbaridad, tus preguntas que desmontarían mis hipótesis, tus condescendientes palmadas en mi espalda, y tu mirada perdida cantando esa canción que suena y tanto te gusta y desconoces, pero no quieres preguntarme de quién es por no cortarme, cortarme y hacerme dudar que te interesa lo que te digo, cortarme y hacerme sentir inseguro. Me ahogo y me tumbo en mi sofá, me tumbo y conecto los auriculares, los conecto y salgo de mí hasta que la canción se acaba y vuelvo a notar la asfixia que me produce la soga que siempre me ha apretado pero nunca he querido ver. Empieza otra canción y salgo corriendo, corro sabiendo que nadie me puede coger, que nada va a evitar que siga escapándome, corro y me vuelve a faltar el aire, corro aunque las piernas me fallen, corro y ya no puedo más, no puedo huir y ese nudo en la garganta sigue apretando como en Zaragoza las camisas de botones en verano. Todo es demasiado fácil pero busco complejidades y permuto millones de veces las tres piezas del mismo puzzle. ¿Entonces, no crees que es probable que una especie de nazis hayan colonizado un planeta cercano y estén estudiándonos? Sonríes y piensas, pensarás que soy estúpido y que me falta un hervor, pero sonríes sin razón alguna y mando a tomar por culo a esos colonizadores que me están manipulando. "Mmmm me convence mas la teoría del desdoblamiento del tiempo, aunque todo es irrelevante". Me asomo al precipicio, pero hoy las jarras van a 2,50€ en el Voltaire y Juani nos atiende contentísima aunque nunca hayamos mantenido una conversación. Que le jodan al precipicio.
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